Una mujer fantástica




Sebastián López

para @LaRevistaCorreo


Artículo publicado en la edición impresa de La Correo N° 72.

El cine chileno ha sido injustamente categorizado, tanto que se lo toma como si fuese un género en sí. Debido a la mala imagen forjada a su alrededor, algunos a priori piensan que esos film podrían ser aburridos y lentos, con ciertas cargas de humor ingenuo y malas palabras, erotismo o sexo innecesario. También hay a quienes les molesta que se toquen temas sobre la dictadura de Pinochet, en la equivocada idea de que es mejor olvidar el pasado.

La injusticia con la que se trata a la industria cinematográfica chilena no dista mucho de la forma en la que se mira al cine latinoamericano en general, lo que ha favorecido grandemente a la poderosísima industria hollywoodense.

Últimamente la nación austral ha incursionado en temas afines con la comunidad gay, lesbiana, queer, transgénero/transexual, bisexual, asexual y los demás espectros que conforman dicha comunidad LGBTQ+ o “LGBTTTQQIAA”, para los más exigentes. Películas como Nunca vas a estar solo, de Alex Anwandter, Jesús, de Fernando Guzzoni, y por supuesto Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio, cumplen la labor de visibilizar los problemas, pero también la normalidad y vida de aquellas comunidades. 

La película

Marina (Daniela Vega) es una mujer transexual que, al morir súbitamente su pareja, Orlando (Francisco Reyes), debe enfrentar el acoso y la discriminación por parte de la familia del difunto.

Una mujer fantástica ha recibido numerosos galardones en distintos festivales, incluida la preciada estatuilla de la edición número noventa de los Premios Oscar, como Mejor película de habla no inglesa.

Gran parte de sus reconocimientos los obtuvo por la actuación de Daniela Vega, ¿los merece? Creo que sí, aunque no hay una buena elección de diálogos en el guión, en la que las conversaciones se vuelven secas, no transmiten mucho y no dan espacio para una destacada interpretación, o simplemente son forzados.

"Como dice el director boliviano Jorge Sanjinés, estos onerosos premios 'están llenos de grandes lobbys', por lo tanto, hay muchos factores que influyen en las decisiones finales".

Resulta notable el misterio y la estoicidad con que Marina enfrenta la violencia que viene no sólo de parte de la familia de Orlando, de los médicos y policías, sino que de toda una sociedad que no está lista para aceptar a una mujer trans, que cuenta únicamente con el consuelo y cariño de su hermana Wanda (Trinidad González) y de su excuñado Gabriel (Luis Gnecco).

La película nos muestra escenas alegóricas y llenas de simbolismo que podrían estar de más. Tal como la secuencia de Marina caminando contra el viento, que aún estando bien lograda es demasiado notoria su analogía. Otra sería el verse ella en un espejo por la calle, reafirmando que es mujer. Otra en que un pequeño espejo cubre su sexo y sólo se refleja su rostro, al más puro estilo de la Venus del espejo de Velázquez. Por último, la secuencia de la discoteca, que vendría a ser una especie de liberación para ella, donde la inexpresiva mujer se convierte en una fiera. Pero, la escena que más ruido causa, casi al final, es cuando ella ataca el auto donde viaja la ex esposa, el hijo y el hermano de Orlando. ¿Con esto nos quieren decir que el cambio que sufrió Marina –un personaje con el que sentimos empatía–,  esa mujer estoica, serena y misteriosa, termina en la locura? Quizás el personaje debió seguir su camino en una demostración de ser mejor persona que la sociedad opresora en la que se encuentra, enfrentarse a quienes le hicieron daño y la acosaron pero de una manera en que se muestre que tuvo un cambio positivo y de empoderamiento en vez de uno que termina por ser un ataque de locura. 

¿Se merecía el Oscar?

Todos saben que los premios de la Academia están supervisados por algunos de los sujetos más conservadores de la industria del cine estadounidesne, esos que decían que “a nadie le interesa ver putos dibujos chinos”, refiriéndose a la película de animación japonesa The tale of princess Kaguya, de Isao Takahata.  Que además, como dice el director boliviano Jorge Sanjinés, estos onerosos premios 'están llenos de grandes lobbys', por lo tanto hay muchos factores que influyen en las decisiones finales. Sin embargo, Una mujer fantástica ganó la competencia en buena ley, a pesar de los conservadores de Hollywood y de las grandes películas seleccionadas en la misma categoría, en la que compitieron la sueca The Square, de Rubén Östlund; la rusa Loveless, de Andrey Zvyagintsev; la libanesa L’insulte, de Ziad Doueiri; y la húngara On Body and soul, de Ildikó Enyedi.

Lunes 12 de Marzo de 2018