El fin del sueño imperial




Ruperto Concha Cosani

para @LaRevistaCorreo


Durante el último Foro Mundial Económico de Davos, celebrado entre el 17 y 20 de enero en Suiza, quedó bastante definido que Estados Unidos ya no es el amo. Que su proteccionismo en vez de protegerlo lo pone en peligro y que, además, necesita conseguir inversionistas extranjeros.

También es indudable que existe un desinflamiento del sueño imperial de Nuevo Orden Mundial, pero es no es algo que se pueda achacar al “pobre” Donald Trump, no, es la sucesión de estrategias erróneas y abusivas que forman un rosario de burros y elefantes, gobiernos demócratas y republicanos que jamás lograron entender que tener amigos es lejos mejor que tener lacayos.

Bajo la figura de defender los derechos humanos y la democracia, Estados Unidos entró en un túnel de guerra perpetua, y fue esa amenaza permanente de intervención de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, la que llevó al inevitable desarrollo de las capacidades militares de los países que se sentían amenazados. Concretamente, Rusia y China, a quienes se han venido sumando cada vez nuevos aliados, en la medida en que Estados Unidos se iba desprestigiando y volviendo amenazante.

La dolorosa epopeya de la República de Siria fue la que llevó a una inevitable intervención de Rusia, Irán y China, en auxilio del gobierno legítimo que enfrentaba una guerra interna provocada por Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel.

Obviamente ese agresivo plan de Washington era inaceptable para Siria y sus poderosos aliados Rusia, China e Irán, ahora con el agregado de Turquía.

Para evitarse el aceptar la derrota total en Siria, el gobierno de Donald Trump cometió el error catastrófico de anunciar que pensaba quedarse como fuerza invasora en ese país, establecer una base militar sin pedirle permiso a nadie, y, más aún, que se proponía formar un ejército de 30 mil hombres, entrenados y poderosamente armados, que mantendrían la guerra contra el gobierno legítimo de Siria y establecerían un gobierno independiente, bajo la misma figura que antes habían adoptado los kurdos de Irak y que los llevó al fracaso total.

Obviamente ese agresivo plan de Washington era inaceptable para Siria y sus poderosos aliados Rusia, China e Irán, ahora con el agregado de Turquía. Voceros de la organización kurda en el norte de Siria admitieron que Rusia les había recomendado confirmar su aceptación del gobierno del presidente Basher Assad, hasta la culminación de los acuerdos de paz.

Sin embargo, los líderes kurdos de Siria optaron por confiar en el apoyo de Estados Unidos y establecer un gobierno independiente, con lo que se desmembraría el territorio sirio. Al mismo tiempo, el plan de Washington apuntaba a que la zona dominada por los kurdos, dependiente por completo de Estados Unidos e Israel, llegara hasta la frontera misma con Irak, en el río Eufrates, justamente en la zona en que los kurdos irakíes habían intentado independizarse del gobierno nacional.

El ejército leal de Siria, combatiendo contra los terroristas islámicos en la misma zona, había evitado siempre tener enfrentamientos con los kurdos los que, a su vez, evitaban también a toda costa enfrentarse con las tropas del gobierno. Sin embargo, por imposición de Estados Unidos, ahora los kurdos estarían forzados a ir a la guerra. Pero, más que el efecto en la guerra interna contra el gobierno de Siria, el plan de Washington constituía una amenaza para Turquía que enfrenta décadas de enfrentamientos armados con los grupos kurdos dentro de sus fronteras.

Para Estados Unidos, el desastre de su plan de desmembramiento de Siria es absolutamente el desastre final de toda su estrategia para el Oriente Medio.

Asimismo, los rebeldes kurdos de Turquía naturalmente se refugian y se repliegan más allá de las fronteras turca, en Irak y Siria. Es decir, el plan de Estados Unidos implicaba crear un mini estado kurdo, poderosamente armado, justo en las fronteras de tránsito de los terroristas kurdos que actúan contra Turquía.

Turquía lanzó sucesivas advertencias a Estados Unidos, a la vez que contactaba con Rusia e Irán y el propio gobierno sirio. Ante lo inevitable, las fuerzas militares de Siria y sus aliados se replegaron fuera de aquella zona, y Turquía cumplió su amenaza invadiendo la zona en torno de la ciudad de Afrin, destruyendo las instalaciones militares kurdas y los depósitos de armamento proporcionado por Estados Unidos, dejando un saldo estimado de víctimas fatales de entre 300 y 500 efectivos del ejército kurdo.

Ya un sector de la población kurda ha rechazado el plan de Washington y está procurando pactar un plan de paz y seguridad con Turquía y con el gobierno sirio que, por su parte, ha mantenido su apoyo a los kurdos e incluso amenazó con derribar aviones turcos que violaran su espacio aéreo.

Para el controvertido presidente turco Tadyip Erdogán, esta intervención militar ha provocado un fuerte apoyo nacionalista que refuerza su respaldo, sobre todo ante las próximas elecciones. En cambio, para Estados Unidos, el desastre de su plan de desmembramiento de Siria es absolutamente el desastre final de toda su estrategia para el Oriente Medio.

Este lunes comienza en la ciudad rusa de Sochi el Congreso de Diálogo Nacional para la Paz en Siria, en el que participan las 80 organizaciones rebeldes, el gobierno de Siria y representantes de Rusia, Irán y Turquía, además del comisionado de las Naciones Unidas, Stepan de Mistura.

Washington no se atreve a llegar a un enfrentamiento militar con Turquía porque ambos estados son miembros de la OTAN y porque Estambul controla el único acceso naval hacia el Mar Negro.

Según el plan de negociación, elaborado con participación de Rusia, Irán y Turquía, el actual presidente de Siria, Bashar Assad, se mantendrá en su cargo mientras se llama a nuevas elecciones y se redacta una nueva Constitución de la República de Siria, que será sometida a plebiscito.

Así, el pueblo sirio será el que decida cuál será su futuro gobierno. Por lo pronto, el Presidente Assad ya se comprometió a hacer entrega del poder según lo determine el pueblo.

Estados Unidos, junto a unas 40 entidades rebeldes financiadas por Arabia Saudita, anunciaron que no participarán en las conversaciones de Sochi y no reconocerán otra negociación que no sea la de las Naciones Unidas en Ginebra.

Es así que la intervención de Estados Unidos en Siria y el Oriente Medio no sólo ha sido una derrota sino una humillación. Washington no se atreve a llegar a un enfrentamiento militar con Turquía, no sólo porque ambos estados son miembros de la OTAN, sino porque, además, Turquía controla el único acceso naval hacia el Mar Negro.

Para Turquía, claramente, el nuevo rumbo ahora ya no apunta a ser admitido en la Unión Europea, sino a integrarse en la Unión Económica Euroasiática, junto a Rusia, Irán, las repúblicas de Asia Central, más Irak, Siria y el Líbano.

La conexión territorial de naciones aliadas, desde Rusia, Kazajstán y China hasta Turquía y el Líbano, junto al Mediterráneo, establece un prodigioso corredor de integración, comercio y modernización tecnológica, además de abastecimiento de energía para Europa.

Es decir, la fracasada aventura imperial de Estados Unidos sobre el Medio Oriente, incluyendo Afganistán y Pakistán, marca el fin del imperialismo anglo-sajón. Es por eso que, frente al fin del sueño imperial estadounidense, el peligro de una Tercera Guerra mundial sigue ominosamente cercano.

Lunes 29 de Enero de 2018