Crónica de una invasión anunciada




Santiago Masetti

Periodista argentino
para @CorreodelAlba


El 19 de diciembre de 1989, mientras los panameños se preparaban para las fiestas navideñas, Estados Unidos movilizaba a 26 mil soldados para un ataque sorpresa que comenzó pasada la medianoche del día siguiente. Con el argumento de llevar la democracia y la lucha contra el narcotráfico, Washington intervino en Panamá dejando entre tres mil y cinco mil muertos.

Pero la historia de las intervenciones de Estados Unidos en ese país centroamericano no comenzó ese 20 de diciembre de 1989, sino desde su propia “independencia” de Colombia, la que fue alentada por la burguesía criolla y la Casa Blanca. Ya consolidado ese Estado nación, la República del istmo sufrió 13 intervenciones militares estadounidenses, que marcaron a fuego y sangre la historia de esa nación centroamericana.

Uno de los puntos claves o de los motivos esenciales de esas intervenciones injerencistas, fue el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, el cual permitió a Estados Unidos la construcción, uso y control del Canal de Panamá a perpetuidad. Desde entonces la presencia militar y la intervención en los asuntos internos del país por parte de Washington se hicieron más que notoria, llegando a picos de alto conflicto como la masacre de estudiantes por policías y soldados estadounidenses acantonados en la zona del Canal de Panamá el 9 de enero de 1964, sólo para citar alguno.

Con la llegada del general Omar Torrijos a la presidencia panameña en 1969, los intereses de Estados Unidos y de la oligarquía criolla fueron perdiendo terreno paulatinamente, hasta que en un accidente de avión el primer mandatario de esa nación pierde la vida al encontrarse a bordo de un helicóptero.

Esto hace crisis y su protagonista Manuel Antonio Noriega va creando el camino llevaría a la hora más trágica y oscura de nuestra historia: la invasión de Panamá.

En 1977 se logra la firma de los Tratados Torrijos-Carter, que señala una fecha puntual de entrega del Canal a manos panameñas y programa la salida sistemática del ejército de Estados Unidos del Canal, que se mantenía bajo la administración estadounidense desde 1903.

La muerte de Torrijos en 1981, aún sin aclarar, cambia totalmente el rumbo del país. El proceso revolucionario fue degenerando rápidamente y la lucha por el poder dentro de las Fuerzas de Defensa, aumentó los niveles de conspiración y corrupción, a tal 
grado que era imposible sostenerla o justificarla. Esto hace crisis y su protagonista Manuel Antonio Noriega va creando el camino llevaría a la hora más trágica y oscura de nuestra historia: la invasión de Panamá.

En su gobierno Noriega se había convertido en un dictador sumamente astuto que gozaba de enormes riquezas gracias al negocio del narcotráfico. De esta forma, el mandatario formado en Perú y agente de la Central de Inteligencia Americana (CIA), pierde terreno con sus aliados, en un mundo donde recién se había caído el muro de Berlín y la lucha contra el sandinismo en Nicaragua cobraba relevancia para los planes hegemónicos de Washington.

El pretexto aparente de la intervención armada de Estados Unidos en el territorio panameño era apresar al dictador Noriega, antiguo agente de la CIA, el que se transformó en un personaje más que incómodo para la Casa Blanca.

La orden de la invasión de Panamá fue impartida por el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush (padre), y a la intervención se le dio el irónico nombre de “Operación Causa Justa”.

Con ejemplos como ese se formaron los llamados Batallones de la Dignidad que contestaron el fuego estadounidense, pero sin tener una estrategia general.

El ejército invasor empleó en Panamá armas de un poder destructor aplastante, combinando recursos tecnológicos que les daban precisión para demoler edificios, puentes, barricadas, carreteras y cualquier tipo de obstáculo que las tropas encontraran a su paso (que dos años después utilizaron en Irak).

Al no encontrar una fuerte resistencia del ejército regular panameño, los marines norteamericanos actuaron sin compasión, aniquilando focos de resistencia, rematando heridos y fusilando a ciudadanos desarmados que protagonizaron heroicos actos simbólicos de rechazo, contra el invasor.

El barrio El Chorrillo llegó a ser tapa de todos los diarios del mundo por la fuerte resistencia popular que protagonizaron sus vecinos y fue por esas calles donde la crueldad invasora dio lugar a una matanza humana de gran escala. Con ejemplos como ese se formaron los llamados Batallones de la Dignidad que contestaron el fuego estadounidense, pero sin tener una estrategia general.

El Ejército de Estados Unidos empleó en la invasión de Panamá un sistema de eliminación de cadáveres hasta el momento desconocido, que impidió tener una cifra aproximada de la cantidad de muertos causados a su paso. Por nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos que dejó el pueblo agredido.

A 28 años de esa salvaje y desproporcionada intervención estadounidense, las amenazas militares e injerencia están a la orden del día. Ejemplo de ello son la presencia en aguas cercanas a Venezuela del Comando Sur y la IV flota de del ejército estadounidense y de las constantes agresiones económicas, diplomáticas y de sabotaje por la cual atraviesan los pueblos y gobiernos que se rebelan al sometimiento de Washington.

Miercoles 20 de Diciembre de 2017