Chau Viglietti




Javier Larraín P.

Director
@CorreodelAlba


Publicado en la edición impresa de Correo del Alba n° 68, octubre-noviembre de 2017.

“Canto que ha sido valiente
siempre será canción nueva”.

Víctor Jara

La primera vez que tuve el honor de escuchar en directo a don Daniel Viglietti fue en un modesto teatro en el sur de Chile, donde, a guitarra limpia, ofreció un sentido homenaje a Violeta Parra –“la única Violeta nacida de una Parra”, señaló risueño–, y, donde, entre audaz y mordaz, nos leyó un refranívoco de su amigo Mario Benedetti, invitándonos a reflexionar acerca de nuestra historia reciente: “Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo”.

A los pocos meses le vi homenajear, a 30 años de su muerte, al “Hombre de la paz”, Salvador Allende. Nuevamente nos invitó, a los casi 80 mil oyentes reunidos en el Estadio Nacional de Chile, a repensar lo ocurrido en la dictadura de Pinochet y asumir los desafíos que se nos avecinaban: “Sí, sí, sí / con alegría, sí, sí / haremos nuestra la cordillera / la patria toda, su ancha ternura, su fuerza larga / cientos de miles por todo Chile”.   

Los siguientes “encuentros” sucedieron en La Habana, primero, en la Tribuna Antiimperialista, hasta donde acudió para –literalmente– celebrar a Fidel en su 80 cumpleaños, y, luego, en Casa de las Américas, donde junto con recordar a la legendaria guerrillera cubana y fundadora de la institución, Haydée Santamaría, visitó, a través de la canción, antiguos y recientes pasajes de la lucha de Nuestra América por su liberación, así como dialogó con hombres como Roque Dalton y mujeres de la estatura de Soledad Barrett y Beatriz Allende.

Por cuestiones azarosas volví a ver a don Daniel en la Universidad de Concepción –Alma mater del líder histórico del MIR chileno, Miguel Enríquez–, en medio de las movilizaciones estudiantiles, hasta donde llegó para apoyar con su canto a los “estudiantes en toma”. En esa oportunidad me tocó atenderlo, brindarle un café cubano en el camerino del gimnasio y sugerirle, a petición de él mismo, algunas canciones deseosas de ser oídas por los y las jóvenes, desde “El chueco Maciel” a “El diablo en el paraíso”, pasando por “A desalambrar”. Como corolario, nos “regaló” una antigua obra que había compuesto para un documental dedicado a los jóvenes militantes uruguayos: “Vamos, estudiantes”. Sus reveladores versos nos convencieron: “Somos aire nuevo de la primavera / contra nuestra voz no hay barreras. / Sobre el aire oscuro vamos a vencer / estamos formando un amanecer, un amanecer”.

“Los trabajadores hoy estamos despidiendo a un querido amigo, compañero del alma, compañero. Daniel estuvo siempre".

Mi último encuentro con el mayúsculo cantor, a pocos días de su partida, fue posible gracias a la generosa invitación que me extendió el productor musical boliviano y gran amigo Enrique Claros, encargado de atender a don Daniel en su visita a Bolivia para participar de los actos en homenaje a Ernesto Che Guevara a medio siglo de su cobarde asesinato por parte de los militares criollos. Almorzamos, junto a su esposa Lourdes Villafañe, y dialogamos sobre lo divino y lo humano; seguidamente me concedió una extensa entrevista –a publicarse próximamente en Correo del Alba– y me dedicó el libro de Benedetti, “Daniel Viglietti. Desalambrando”, con un texto que dice: “A Javier Larraín, que con la pluma le hace preguntas al canto. Salú! Daniel Viglietti, Santa Cruz de la Sierra”.      

Nos despedimos a las 3 de la mañana en el Aeropuerto Internacional de Viru Viru, cuando se disponía a tomar un avión rumbo a Chile, donde parlamentarios socialistas y comunistas le darían una condecoración por su destacada trayectoria artística. Por la prensa de ese país supe que visitó el Museo Violeta Parra y ofreció uno de sus últimos conciertos antes de regresar a su Montevideo natal. Al leer, en una agencia alemana, la noticia de su muerte no pude sino pensar que con su ida comenzaba a terminar de cerrarse una de las etapas más prolijas del canto popular y comprometido del continente; por eso me llenó de dicha y orgullo la carta de despedida que le hicieran los trabajadores del Uruguay, que apuntaron: “Los trabajadores hoy estamos despidiendo a un querido amigo, compañero del alma, compañero. Daniel estuvo siempre, cada vez que una causa por los Derechos Humanos, la verdad, la justicia y las causas populares lo requirieron. […] Daniel habrá ido a encontrarse con Alfredo Zitarrosa, con Mario Benedetti, con Eduardo Galeano, con el Bocha Benavides, con tantos imprescindibles de nuestra cultura que soñaron un Uruguay justo, solidario y humano. Hasta siempre Daniel, te vamos a extrañar con toda el alma. Salú compañero y gracias eternas”.

Martes 07 de Noviembre de 2017