Influencias de la Revolución rusa de 1917 en Bolivia




José Roberto Arze

Historiador y bibliógrafo boliviano
para @CorreodelAlba


Publicado en la edición impresa de Correo del Alba n° 68, octubre-noviembre de 2017.

La Revolución rusa de Octubre de 1917 (precedida por las revoluciones de 1905 y febrero de 1917) pertenece al grupo de hechos históricos de importancia mundial. Tuvo una influencia poderosa en la humanidad y la sigue teniendo, a pesar del derrumbe del Sistema Socialista Mundial. Fue el hito inicial del socialismo (no sólo en Rusia, sino en muchos otros países), desencadenó (o ayudó a desencadenar) intensas luchas sociales y políticas en los cinco continentes, repercutió en otras revoluciones como las de la China, Cuba, Vietnam, entre otras, y contribuyó a derruir el sistema colonial en países de Asia, África y América, entre muchas consecuencias. El perfil de sus ideales comprendía la libertad, la igualdad, la planificación económica, el internacionalismo proletario y la paulatina extinción del Estado, pues la “dictadura del proletariado” no era sino una fase transitoria para garantizar la realización de estos ideales. (Si esos ideales se convirtieron o no en realidad es otra cuestión).

Lo primero y lo más importante de su influencia es que Rusia constituía el “ejemplo” apetecible por los trabajadores y oprimidos. Pero en Bolivia, como en otros países, hubo distintas manifestaciones, de las que destacaremos sólo algunas.

Primeros pasos del comunismo criollo

La Revolución rusa se presentó ante el mundo como el “primer paso” de una revolución mundial, a realizarse por los proletarios encabezados por un partido revolucionario. En Bolivia, aunque ya se habían forjado numerosas organizaciones mutuales y sociales desde mediados del siglo XIX, estas devinieron o dieron paso, a partir de la década de 1920, a organizaciones sindicales y partidos políticos de trabajadores. Los partidos comunistas, fundados todos bajo la inspiración del modelo ruso, se agruparon en la III Internacional o Internacional Comunista (IC) –que subsistió hasta 1943–.

“La Revolución rusa se presentó ante el mundo como el ‘primer paso’ de una revolución mundial, a realizarse por los proletarios encabezados por un partido revolucionario”.

Aunque la IC, a través de su Secretariado Latinoamericano, y la Internacional Sindical Roja, actuaron sobre Bolivia, no pudieron plasmar la creación de un Partido Comunista sino mucho tiempo después. Se formó así, en lucha contra anarquistas y trotskistas, la Confederación Sindical de Trabajadores de Bolivia (CSTB), ligada a la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL). Varios partidos surgidos entre 1935 y 1940 se proclamaron marxistas, siendo los más importantes: el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), que tuvo por líderes principales a José Antonio Arze y Ricardo Anaya, el Partido Obrero Revolucionario (POR), cuya fracción principal fue liderizada por Guillermo Lora, y el Partido Socialista Obrero Boliviano (PSOB), encabezado por Gustavo Adolfo Navarro o “Tristán Marof”, además de muchos grupos menores. Salvo el POR, adscrito a la IV Internacional (trotskista), los otros dos prefirieron mantenerse orgánicamente independientes de cualquier Internacional Política.

El Partido Comunista nació en 1950 y tres décadas después tuvo su experiencia de partido gobernante como parte de la Unidad Democrática y Popular (UDP) en 198285.

Repercusión de las ideas comunistas

La propagación de la ideología y la literatura socialista es un otro aspecto importante. Después de la Revolución rusa, la divulgación de esta literatura fue grandísima en Bolivia, y llena de no pocas persecuciones y represiones. Las obras de Marx, Engels, Lenin, Plejanov, Stalin, Bujarin, Trotsky, Kautsky, Labriola, Mariátegui, Ponce, y otros, vinieron principalmente a través de las editoriales españolas, argentinas, mexicanas y chilenas; por el escaso desarrollo de la industria gráfica, en Bolivia se editaron “comercialmente” muy pocas obras. 

En las décadas del ‘40 y del ‘50, la Editorial Trabajo publicó el “Manifiesto Comunista” (con las notas de David Riazanov); “Marx y el marxismo”, de Lenin; “El ABC del comunismo”, de Bujarin; “Los problemas económicos del socialismo”, “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico” y “Acerca del marxismo en la lingüística”, de Stalin; y quizá algunas más, al margen de ediciones partidarias (entre ellas varias obras de Trotsky publicadas por el POR). Surgieron además los teóricos y difusores bolivianos del marxismo, los sociólogos y ensayistas políticos que, proclamándose marxistas, expusieron, a su manera, la doctrina marxista y la aplicaron a la interpretación de la realidad boliviana. Tendrían que repetirse aquí los nombres de todos los líderes ya mencionados, y agregar además, entre otros importantes, a Arturo Urquidi, Eduardo Arze Loureiro, Abelardo Villalpando, Alipio Valencia Vega, Ernesto Ayala Mercado, Sergio Almaraz, René Zavaleta Mercado.

"En 1970, cuando se desenvolvió la Asamblea del Pueblo, no faltaron voces que quisieron presentarla como una especie de soviet".

A la literatura sociopolítica hay que añadir necesariamente la difusión de la literatura rusa (no sólo la clásica de Dostoievski, León Tolstoi, Chejov, Gogol, Chernishevski) sino especialmente la que emergió con la Revolución: Máximo Gorki, Vladimir Maiakovski, Ilia Ehrenburg, Gladkov, Sholojov, Bunin, Alexei Tolstoi, Ostrovski, Polevoi y el mismo Boris Pasternak, tan grande y tan incomprendido al mismo tiempo, que eran lectura habitual de los militantes revolucionarios. Bajo su influencia próxima o remota, aparecieron poetas y escritores bolivianos (con creaciones más o menos heterogéneas) en los campos de la poesía, la novela, el cuento, el teatro y la crítica. Muchos se llamaron izquierdistas; pocos, marxistas, socialistas o comunistas. De este numeroso grupo, mencionaré unos cuantos: en poesía, Luis Luksic, Óscar Alfaro, Luciano Durán Böger y Ramiro Barrenechea. En novela, creo que los más abiertamente socialistas han sido Jesús Lara y Néstor Taboada Terán. La crítica desde un punto de vista socialista militante tuvo como exponentes a José Antonio Arze, Eduardo Ocampo Moscoso, Guillermo Lora y algunos otros. La música y las otras manifestaciones de la cultura merecerían listados separados.

Consideraciones finales

En cuanto a la faceta institucional, es necesario investigar en qué medida la experiencia educativa de Warisata, los cambios revolucionarios producidos a partir de 1952 (reforma agraria, nacionalización de minas, entre otros) y los ensayos de planificación económica, recogieron influencia rusa. En 1970, cuando se desenvolvió la Asamblea del Pueblo, no faltaron voces que quisieron presentarla como una especie de soviet.

La política diplomática merece también una mención especial. El mundo capitalista “bloqueó” a la Rusia soviética y ésta tuvo que luchar largamente por el reconocimiento diplomático. La lucha de los partidos de izquierda por lograr relaciones diplomáticas y comerciales con la URSS fue parte cotidiana de su acción política. Bolivia las estableció en 1945, pero ellas no se hicieron efectivas sino en 1969, siendo el primer embajador boliviano Julio Garret Ayllón.

Sobre el antisovietismo (de manera específica y, en general, sobre el anticomunismo) habría que realizar una indagación especial. Por de pronto nos limitamos a mencionar que Nicolás Fernández Naranjo publicó un opúsculo de “crítica” a la “dictadura comunista” en Rusia, a comienzos de los ‘30 del siglo pasado.

Tales son algunos datos sobre las influencias de la Revolución rusa en Bolivia, cuyo centenario se cumple en estos días.

Martes 07 de Noviembre de 2017